MUYUCMARCA
Instalación audiovisual
Ciclos cósmicos, ausencia del centro y el origen.
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“Pasadas aquellas tres cercas (de Saqsayhuamán) hay una plaza larga y angosta donde había tres torreones en triángulo. Al principal de ellos que estaba al medio lo llamaron Muyuq Marca (Muyucmarca), quiere decir fortaleza redonda; en ella había una fuente de mucha y muy buena agua...”
Inca Garcilaso de la Vega, 1680.
En un mundo donde el tiempo es concebido en forma “lineal”, atrapados por el sueño del puro fluir, gobierna la idea de un progreso y futuro incierto, el hombre/maquina es la imagen de un creador que está condenado a ver en sus esfuerzos de "innovación" la agonía de un mañana siempre cambiante e irresoluto. Un proceso que no quiere aplacarse más en alguna posesión, y que en todo y por todo se consuma en términos de “historia” y de “devenir”.
“la idea de regeneración del tiempo” hay que entenderla como “la obra divina de conservación del mundo manifestado”, en la que la acción ritual es una verdadera colaboración, en virtud de las relaciones que existen entre el orden cósmico y el humano
“Así como el espacio profano es abolido por el simbolismo del centro que proyecta todo templo palacio o edificio en el punto medio del espacio sacralizado, del mismo modo la acción dotada de sentido ritual llevada a cabo por el hombre tradicional, es la repetición del gesto arquetípico que suspende la duración, excluye el tiempo profano y participa de la eternidad”
La experiencia tradicional del tiempo es de tipo totalmente distinto a la del mundo moderno. El tiempo en ella no es una cantidad, sino una cualidad; no una serie sino un ritmo. No fluye uniformemente e indefinidamente, sino que se fractura en ciclos, en periodos, en donde cada uno de sus momentos posee un significado, es decir un valor especifico respeto a todos los demás, una viva individualidad y una funcionalidad. Estos ciclos o periodos – el “gran año” caldeo y helénico, el saeculum etrusco-latino, el eón iranio, los “soles” aztecas, los Kalpa hindúes, y así sucesivamente - cada uno de ellos representa un desarrollo completo, formando unidades cerradas y perfectas, idénticas las unas respecto de las otras, y que al repetirse no cambian y no se multiplican, sino que se siguen una a la otra –según una feliz expresión de alguien- como una “serie de eternidad”.
Tratándose de plenitud no cuantitativa, sino orgánica,…duraciones cuantitativamente desiguales podían ser consideradas como iguales, una vez que cada una de ellas contuviese y reprodujese todos los momentos típicos de un ciclo. Una jerarquía fundada en las correspondencias analógicas entre grandes ciclos y pequeños ciclos, una especie de reducción de lo múltiple temporal a la unidad supra-temporal. …El pequeño ciclo reproducía analógicamente el gran ciclo, poniendo así con ello virtualmente una vía de participación en órdenes siempre más vastos, en duraciones siempre mas libres de cualquier residuo de materia o de contingencia hasta alcanzar – por decirlo así- una especie de espacio-tiempo
Julius Evola